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Reconocimientos (II): Los testigos presenciales inventan

27/01/2014

cervellComo ya apuntaba en un post anterior, la memoria de los testigos es un proceso complejo e influenciable. Sabiéndolo podremos defender mucho mejor los casos penales y no caer en el derrotismo cuando tenemos en contra una prueba que parece contundente (alguien vio el crimen) y en realidad quizá no lo es tanto.

Me interesa en este comentario tratar cuestiones que tienen que ver con problemas que afectan al reconocimiento de los sospechosos por parte de testigos presenciales. Lo agruparé en diferentes bloques:

  • Factores que influyen en la memoria del testigo aumentándola o disminuyéndola y que están relacionados con los hechos, sus circunstancias o con la persona del testigo.
  • Formas inválidas de practicar un reconocimiento por policía y jueces (reconocimientos forzados o sesgados).
  • Factores psicológicos que afectan y distorsionan el reconocimiento.

¿QUÉ AFECTA AL RECUERDO DE UNOS HECHOS?

Hay varios factores que influyen en la memoria de los testigos, muchos de ellos conocidos y que tienen que ver fundamentalmente con cómo han sucedido los hechos y en cómo es la persona del testigo.

Conocida es la escena de la película Testigo de Cargo en la que el abogado Wilfrid Robarts (Charles Laughton) interroga a la testigo del fiscal Sra. McKenzie y centra su estrategia en demostrar que el ama de llaves sorda no podía haber oído al acusado y que ha «integrado» su memoria con suposiciones y prejuicios.

El testigo presencial u ocular en ocasiones dice «haber visto» cosas cuando en realidad «cree haberlas visto» o «le gustaría haberlas visto» y ha terminado convenciéndose de una realidad que no ha sucedido. Esta es la razón, además, de que cuando unos hechos han sido presenciados por más de un testigo, todos ellos los recuerdan de forma diferente.

¿Cuáles son, pues, los factores que influyen en el recuerdo de unos hechos presenciados por un testigo?

En relación a los hechos delictivos presenciados, es evidente que hay hechos que es más fácil recordar que otros, por lo tanto el tipo de hechos afecta a la capacidad del testigo para retenerlos en la memoria. Un factor de gran relevancia es la luz que hay en el escenario del crimen: a más iluminación más fácil es recordar los hechos. Un elemento importante es la duración de los hechos, ya que los hechos que más duran en el tiempo es más fácil recordarlos. Y finalmente la violencia que pueda haber, contrariamente a lo que se pueda pensar, disminuye la capacidad para recordar hechos.

En cuanto a la persona del testigo, en ocasiones éste está «entrenado» en recordar cosas (como puede ser alguien que se dedique a la vigilancia) y lo hará mejor. Cuanto a su edad, en principio la gente joven o madura (es decir, no demasiado joven ni vieja) tiene más memoria de los hechos. En situaciones de mucho estrés o miedo el testigo recordará mucho menos de los hechos y especialmente en casos de utilización de armas se puede producir el fenómeno de «focalización en el arma» que es cuando el testigo se fija tanto en el arma que deja de hacerlo en la persona del delincuente y por tanto no podrá recordar su fisonomía. Finalmente se producen muchos malos reconocimientos en casos de prejuicios que distorsionan el recuerdo y en los reconocimientos interraciales (el testigo es mucho menos cuidadoso cuando reconoce personas de otras razas).

RECONOCIMIENTO INVÁLIDO (FORZADO O INDUCIDO)

Si existe precisamente una regulación de las ruedas de reconocimiento es porque es un método de búsqueda de la sinceridad del recuerdo del testigo que permite evitar «falsos positivos» (reconocer a un inocente como el autor del crimen).

La rueda de reconocimiento sitúa al sospechoso entre figurantes de similar apariencia física y así cuando es reconocido podemos confiar (con las reservas que ya apuntaba en el post anterior) que es el autor del crimen.

Si no respetamos este método y el reconocimiento se produce sin dar alternativas al testigo, estamos ante un reconocimiento forzado o sesgado que puede conducir a muchos errores. Esto se produce fundamentalmente en 3 supuestos:

  • Reconocimiento forzado (show-up)
  • Reconocimiento en estrados
  • Rueda sesgada

Se habla de reconocimiento forzado (en inglés show-up) cuando la policía detiene a un sospechoso y lo conduce ante el testigo para que lo reconozca sin ponerlo en unión de otras personas y, por tanto, induciendo al testigo a reconocer positivamente a quien se le presenta como único sospechoso.

La práctica es perniciosa y se produce en muchas ocasiones cuando la policía detiene en la vía pública a un sospechoso y lo exhibe a la víctima en la misma vía pública. La sugestión es evidente y la fiabilidad del reconocimiento cae en picado.

En primer lugar se conculcan las previsiones legales porque no está presente el letrado del sospechoso, algo obligado por el artículo 520.2.c LECr. Y en segundo lugar, la policía presenta alguien en una situación muy estigmatizadora. No hay que hacer demasiadas disquisiciones para comprender que el testigo tiene muchos motivos para creer que la persona sospechosa así exhibida puede ser efectivamente responsable de algún hecho delictivo porque sino la policía «no lo hubiera detenido».

Otra modalidad de reconocimiento forzado es el reconocimiento que se efectúa durante el juicio oral o reconocimiento «en estrados» tan propio de las películas. Aquí el funcionario que fuerza el reconocimiento ya no es la policía sino el juez o Tribunal, y el sospechoso aún está más estigmatizado ya que es quien se sienta en el banquillo de los acusados. La nula fiabilidad de estos reconocimientos (que deben comportar siempre una protesta de la defensa en la vista) proviene del hecho de que resulta imposible fiscalizar un método en el que se presenta sólo una única opción. Es, en definitiva, el equivalente a hacer un examen en el que en vez de 4 opciones de respuesta a una pregunta se deja sólo una.

El Tribunal Supremo, como en todo el tema de los reconocimientos, ha validado en ocasiones esta práctica como en la STS de 1 de diciembre de 2000 y también lo ha hecho el Tribunal Constitucional en su STC 172/1997.

La forma más sutil de manipular un reconocimiento es a través de la composición de ruedas sesgadas. En estos supuestos la rueda de reconocimiento parece formalmente válida (porque se produce con presencia de figurantes) pero no se han respetado los criterios de semejanza del artículo 369 LECr y la rueda resulta, por tanto, muy poco fiable.

El tema de la semejanza física de sospechoso y figurantes es un tema muy estudiado, por tanto simplemente pondré cuáles son las reglas científicas para saber cuándo una rueda de reconocimiento está bien compuesta.

Si una persona ajena a los hechos (que no los ha visto) es informado de la descripción del sospechoso y descarta a algún figurante, es que ese figurante no cumple los requisitos de semejanza para estar en la rueda.

O dicho de otra forma:

Si una persona ajena al caso (informado de la descripción del autor) no duda en reconocer al sospechoso dentro de la rueda entonces existe un rasgo completamente sesgado en la composición.

Pero tampoco debemos olvidar que los figurantes deben parecerse pero no deben ser clones. Sería totalmente irregular efectuar ruedas de reconocimiento con hermanos gemelos idénticos porque impediría a la víctima obtener la justicia. De ahí que haya una última regla:

Si una persona que conoce personalmente al sospechoso duda de reconocerlo entre los demás entonces la semejanza física de los figurantes es demasiada.

PROBLEMAS DEL RECONOCIMIENTO «VÁLIDO»

En muchas ocasiones hay elementos que nos deben hacer cuestionar un reconocimiento del sospechoso (incluso si el testigo lo hace con total seguridad) por la concurrencia de factores que afectan a la fiabilidad de la diligencia. Técnicamente se describen 3 fenómenos psicológicos de interés:

En primer lugar es habitual que pueda aparecer el fenómeno de la Transferencia Inconsciente. Se produce un reconocimiento erróneo por transferencia inconsciente cuando el testigo reconoce erróneamente a una persona que efectivamente estaba en el lugar de los hechos, o bien porque tiene alguna relación con el lugar o circunstancias de los hechos, pero no es el autor. El testigo (por ejemplo en situaciones multitudinarias o de confusión) ve los hechos y ve la cara de alguien que NO participa, mezclando ambas informaciones y creyendo que la cara reconocida es la del autor. El testigo realmente cree que ha reconocido al autor del delito pero en realidad ha mezclado la fisonomía de otra persona de forma inconsciente.

Un caso famoso donde además hay múltiples vicios en el procedimiento de reconocimiento (tanto fotográfico como de prendas de vestir, etc.) es el de Calvin Willis del que se ha hecho incluso una película y que fue condenado a cadena perpetua y cumplió 21 años de prisión antes de ser exonerado por la prueba del ADN.

También se produce en muchas ocasiones el fenómeno pernicioso del Efecto-Compromiso que fundamentalmente es el mantenimiento de un reconocimiento erróneo o irregular por el testigo en posteriores reconocimientos bajo la presión de no desdecirse de los primeros reconocimientos y por miedo a retractarse ante las autoridades.

Este problema tiene mucha importancia por lo que respecta a los reconocimientos fotográficos. Cuando el reconocimiento fotográfico hecho en comisaría por el testigo es sesgado, inducido, irregular o dudoso, en ocasiones la policía no consigna otra cosa que el resultado del reconocimiento al 100%. El testigo, así, se ve obligado a presentarse a una rueda y confirmar la pretendida certeza que se ha producido en el primer reconocimiento fotográfico, sintiéndose comprometido con su primera actuación irregular. Cuando al testigo se le exhiben muy pocas fotografías, o sólo una, o se le confirma la identificación fotográfica en comisaría (caso paradigmático de informar al testigo de que la persona de la foto «tiene muchos antecedentes»), el testigo no hará una rueda sincera, sino que intentará reconocer a la misma persona de la fotografía, aunque no tenga nada que ver con el recuerdo vivido de los hechos delictivos.

Y finalmente se produce un último fenómeno: la Información Post-Evento. Tiene que ver con toda la información ajena al testigo que acaba sugestionándole porque las autoridades o la prensa generan información negativa de alguien, dibujando un perfil que el testigo acaba integrando en su memoria como vivido.

Debemos pensar que una manifestación de estos fenómenos es, también, que las personas integran su memoria recurriendo a «valores promedio» de la sociedad que pueden parecer fruto de un reconocimiento genuino o sincero, pero en realidad son invenciones que recurren a estándares o estereotipos, de tal forma que muchos autores de delitos se describen por los testigos (a través de interrogatorios policiales poco cuidadosos) integrando datos biométricos estereotipados (hombre de 170 a 180 cm de altura, complexión normal, cabello corto castaño o oscuro) que generan una descripción que puede servir para dirigir una investigación en busca de una persona que nada tiene que ver con los hechos.

Quizás es por ello que los abogados penalistas nos ponemos a temblar cuando someten a nuestros clientes a una rueda, sobre todo cuando son inocentes.

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Sobre mí

Andreu Van Den Eynde Me dedico desde hace 18 años a la defensa y asesoramiento especializados en materia penal, ejerciendo como abogado ante los juzgados y tribunales españoles en la defensa de los intereses de mis clientes en todo tipo de conflictos.

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